lunes, 21 de septiembre de 2009


Hoy cuando baje del primer piso por escalera y salí a la calle tenía los auriculares puestos, había sol y apenas algo de viento. Vi como pintaban la calle, nuevos carriles para que los autos que vienen de frente vengan por atrás o algo así, flechas bien blancas, líneas de punto perfectas que brillan sin saber nada del smog ni de camiones de carga, nuevas rutas, semáforos amarillos, cruce para peatones, operarios ajustando los últimos detalles, los árboles podados, paisajes de barrios olvidados que vuelven a ser noticia, lo veo al señor de los diarios y el negocio de lotería que esta frente de mi casa, descargan unas cajas mas adelante. Es lindo Villa Ortúzar a la mañana, cuando hay sol, cuando bajo del subte y te despido con un "buenos días..."

miércoles, 16 de septiembre de 2009


El primer domingo sin mi chica es lo mismo que un martes sin ella, aunque domingo claro.

Un bar sin ruido
Que encoje mis hombros
Un pliegue que me devuelve la calma

domingo, 6 de septiembre de 2009


Traspasar la barrera saltando por arriba del molinete, el policía de la puerta se acomoda el sombrero y sacude el brazo para llamar mi atención, y corro, casi tropiezo con el segundo escalón, pero no, zapatos negros, bien engominados, yo se que llaman tu atención. Uno de ahí le mete la última pitada a un cigarrillo rubio, colilla al piso, mirada al frente hasta que salgo, y me mira, le conozco, pero yo ya estoy en carrera y no hay tiempo para los chaus. Algunos autos en la calle, esquivo uno, y apresuro la carrera para esquivar al otro. Vereda de enfrente, no hay árboles, cemento nuevo. Mis pasos se acomodan, ven la seña, el auto esta en hora y lugar. Se abre la puerta, me meto dentro como en reversa. Estoy sentada, cinturón de seguridad, puertas cerradas, track track. Primera, rebaje, segunda. Semáforo en rojo, manos firmes en el volante, sacarme de ahí es parte de la misión, la otra es que vengas conmigo. Semáforo en verde.

lunes, 31 de agosto de 2009


El perro se recuesta sobre el porche de madera y mira como el bosque y las plantas gigantes reciben la lluvia de una estación que no conoce porque los perros no saben nada de almanaques aunque si del agua y el sol . Cruza las patas delanteras, las deja en cruz, una cae sobre la otra, la que queda arriba no llega a tocar el piso, se llegan a ver las almohadillas asperas de los años que pasan y algunas caminatas largas.
Entrecierra los ojos, redondos y brillantes, y cuando el sueño esta al llegar, arriba esos párpados!, que el viento solpla y el institnto cazador lo pone en alerta aunque ya no sale tras la presa. Apenas levanta el cuello y por efecto de la física alza también la cabeza, no mira para el costado, mantiene la vista al frente. El perro descansa en el porche.

martes, 18 de agosto de 2009


Cuando el viento soplaba veloz, cuando las nubes flacas se movían a la velocidad de la formula uno y las copas de los árboles improvisaban coreografías entre la sombras de la noche todos se escondían bajo las piedras. Todos menos Morty, el joven alguacil de alas esbeltas y trabajadas que solía seducir a las abejas adolescentes en la Plaza Mayor.
Morty disfrutaba al ver la esquizofrenia potenciada de los insectos que corrían de un lado para el otro cuando los cipreses comenzaban a improvisar poco a poco la samba nocturna. Se mataba de risa!, no podía evitar el aleteo alegre, apenas si podía contener por unos segundos una carcajada risueña que al instante se transformaba en eco del silencio. Todos menos Morty temían al encantador de serpientes.
Aquella tarde el alerta provino de los sauces llorones que lentamente comenzaron a avivar al Tilo, al poco tiempo hasta el poco humor del Palo Borracho cantaba las melodías de los nuevos vientos. Morty alardeaba a unas mosquitas que se paseaban juguetonas por entre las ramas de un arbusto silvestre, no noto la puesta del sol, y cuando al segundo pestañeo se dio cuenta, se encontraba ya solo entre tanta oscuridad.
Morty examinó las nubes, se desplazaban a gran velocidad, se detuvo en los laureles del oeste y vio claramente el movimiento a través del aroma que se sacudía hasta su pequeña nariz. El encantador de serpientes estaba merodeando, Morty lo sabía, y quería cazarlo.
Elongo sus patas traseras y práctico algunas patadas voladoras. Cuando se sintió listo se acomodo sobre una rama de diseño aerodinámico, y quedo reposado en posición de ataque. Las nubes seguían avanzando a paso veloz, intentó seguirlas con la mirada, intento saber hacía donde iban. El viento se deglutía a la brisa, las estrellas no asomaban y Morty comenzaba a sentir el cansancio de la espera y el miedo de la oscuridad. Conocía el truco para vencer al encantador de serpientes, y eso quizás era lo que más lo aterrorizaba. Cuando la noche se puso densa, y el viento era el único que silbaba supo que había llegado el momento de enfrentarse al encantador de serpientes. Cerro los ojos y soñó con la luna mas redonda de la historia, soñó su luz y proyecto su brillo sobre una laguna con olas, aprisiono sus párpados con toda su fuerza y vio como la luna crecía, la vio nacer y rebotar contra el horizonte.
Al abrir los ojos noto que los árboles descansaban y los vientos dormían, volvió su mirada hacia el cielo y ahí estaba, la luna brillante, la luz que ningún encantador de serpientes puede soportar, la de los sueños de los aguaciles solitarios.

viernes, 31 de julio de 2009

Instrucciones para sacarle la piel al tomate


Para sacarle la piel a los tomates, primero pedir una olla con agua, y poner a hervir. Lavar cada tomate con las yemas de los dedos, mirarlos, seleccionarlos, y soplarlos. Cerrar el agua y secarse apenas las manos en un repasador. Tomar un tomate, quitarles los extremos, observar con detenimiento si debe ser limpiado con mayor profundidad y tirar dentro de la olla, haciendo salpicar apenas, sin llegar a volcar ni una gota fuera, dejando hacer “plop” a las burbujas a punto de hervir.
Tras cada tomate que se pone en la olla, dar media vuelta y perderse entre la sal y la pimienta, tropezar con algo como pimentón, y quedar del derecho para tomar otro tomate.
Tapar, y condimentar lo otro que esta en el fuego, que yo por ahora no puedo saber qué es porque estoy más concentrada en la técnica del sacado de la piel del tomate.
Una vez que el agua ha hervido destapar y tomar un tenedor, puede ser el paso más peligroso, pero si se sabe jugar, la pesca de los tomates es todo un éxito. Posarlos sobre la tabla de madera, y con un cuchillo atorrante cortarlos a lo largo de manera de que queden cuatro bastones. La idea de la forma bastón entiendo yo es para facilitar la quita de semillas, lo supongo porque no pregunto nada, me limito a observar, a tratar de seguir los movimientos, memorizando cada paso, tratando de registrar si hay secreto. Pero no, aparentemente no lo hay, se cubetean y se empujan con la cuchara de madera al salteado que era lo otro que estaba en el fuego.

jueves, 16 de julio de 2009

Colección: Cuentos para insectos niños.


Las otras noches Marta andaba inquieta, pegaba un ojo y se le abría el otro, daba vueltas y vueltas sobre la cama enredándose entre la sábana de pastos.
Le inquietaba la luna, Marta siempre había tenido fascinación por el cosmos y así era como pasaba atardeceres inmensos tratando de no quedarse dormida para ver la llegada de las primeras estrellas y por supuesto, de ella, la Luna. Por culpa de aquel satélite natural ya contaba con algunos retos en su haber, pero eso no la detenía en su afán de mantenerse despierta durante la puesta del sol.
Esa noche casi que lo había logrado, pero por un instante el recuerdo de los subibajas de la plaza, los copos de nieve azucarados y los saltos trampolín en el arenero le habían robado el sueño. ¡Sólo por un instante! pensó exaltada y se despertó con gotitas de sudor empapándole la frente. Al despertarse el sol se había ido y la noche ya había empezado.
La luna se asomaba poco tímida por la entre las hojas cobertoras, se hacía notar, era muy hermosa. Sin embargo, Marta se inquietó. Para Marta la luna estaba inflada y corría riesgo de explotar. Tan redonda, tan brillante, tan, tan inflada, pensaba Marta y abría y cerraba los ojos por miedo de mirar pero con ganas de ver. Y allí estaba la luna llena, toda entera, desfilando por el cosmos y seduciendo planetas. Conquistando universos y develando luciérnagas. Marta se cobijó con las antenas de revés y tapó sus píes, tras algunos bostezos lentos volvió a jugar con los subibajas haciendo morteros desde el trampolín del arenero.