Puedo ponerlo en la balanza? Realmente puedo? Puedo pesar esos minutos? Puedo sostener el tiempo? Pero también puedo deshacer todo en mis manos, tirar del hilo, que me recuerdan los sueños se corta, tirar cual ovillo y nunca, pero nunca, desarmar el novillo de lana. Puedo guardar mis dedos dentro de mis puños, puedo contar hasta tres y hasta diez, puedo tomar aire y dejarlo ir, puedo convertirme en piedra?
Yo también le haría juicio al colegio feliz*, yo fui feliz pero no por el colegio, ahora soy feliz y no voy al colegio, será que ser feliz no tiene nada que ver con ir al colegio? pero antes nuestros padres creían que sí, entonces para no entrar en dudas nos mandaron al colegio feliz, y fuimos felices a pesar del colegio y hoy lo somos a pesar de nuestros padres. A mi echaron del colegio feliz, pero no por infeliz, creo que fue al revés, al final en el colegio feliz no se podía ser tan feliz, o si, pero que no se enteren todos, a ver si todavía los de la mañana y los de la tarde éramos todos felices. A la mañana los felices inteligentes y a la tarde los que no tanto, los de la lista de espera para el ingreso, los del bardo, los de la mala nota y el aula llena de directos a marzo, a la tarde…FELIZ!, nah, no fui feliz por eso, era feliz por la inocencia de la felicidad que pregonábamos, era feliz porque me imaginaba un mundo sin fronteras, en el que todos éramos felices, realmente lo creía posible, si hasta me creí lo de la ONU! Después me di cuenta, pero ya de grande, que la felicidad ya no tenía que ver con un mundo feliz para todos, como un poco cambiar el mundo sin tomar el poder y resulta ser que en eso Carlitos no se equivocaba y había que tomar el poder. Hoy soy feliz, no porque vaya a ser parte del poder, no me importa el poder de otros, me importa el mío, y me doy cuenta que puedo sentir feliz.
* el slogan de mi colegio secundario era “un colegio feliz”



