jueves, 16 de julio de 2009

Colección: Cuentos para insectos niños.


Las otras noches Marta andaba inquieta, pegaba un ojo y se le abría el otro, daba vueltas y vueltas sobre la cama enredándose entre la sábana de pastos.
Le inquietaba la luna, Marta siempre había tenido fascinación por el cosmos y así era como pasaba atardeceres inmensos tratando de no quedarse dormida para ver la llegada de las primeras estrellas y por supuesto, de ella, la Luna. Por culpa de aquel satélite natural ya contaba con algunos retos en su haber, pero eso no la detenía en su afán de mantenerse despierta durante la puesta del sol.
Esa noche casi que lo había logrado, pero por un instante el recuerdo de los subibajas de la plaza, los copos de nieve azucarados y los saltos trampolín en el arenero le habían robado el sueño. ¡Sólo por un instante! pensó exaltada y se despertó con gotitas de sudor empapándole la frente. Al despertarse el sol se había ido y la noche ya había empezado.
La luna se asomaba poco tímida por la entre las hojas cobertoras, se hacía notar, era muy hermosa. Sin embargo, Marta se inquietó. Para Marta la luna estaba inflada y corría riesgo de explotar. Tan redonda, tan brillante, tan, tan inflada, pensaba Marta y abría y cerraba los ojos por miedo de mirar pero con ganas de ver. Y allí estaba la luna llena, toda entera, desfilando por el cosmos y seduciendo planetas. Conquistando universos y develando luciérnagas. Marta se cobijó con las antenas de revés y tapó sus píes, tras algunos bostezos lentos volvió a jugar con los subibajas haciendo morteros desde el trampolín del arenero.

lunes, 15 de junio de 2009


Se encorva esa espalda y en el empeñe se acumula el deseo de más, no se detiene, se estremece y se pone fría por unos segundo que hubiera jurado eternos, me da tiempo a respirar y calentar aquella inmensidad con el vapor de mi aliento. Toma mi mano, la sujeto fuerte, doble vuelta, el vaho de la habitación me inunda de placer, no hay tabaco, el whisky quedo en la habitación contigua, es su cuerpo mi vicio, sobredosis, carne, dolor, placer, toco su piel, transpira, late, apenas rozo. Se vuelven húmedos sus gestos, se cierran sus ojos, abre la boca, no grita, yo escucho el alarido. Su goce es silencio y yo callo, todo se estremece y todo vuelve a cero.

domingo, 7 de junio de 2009


Para que carajo queres la libreta de matrimonio?, si la encontras quemala!, así podría resumirse la historia de mis padres, después esta aquella otra historia, la de que fueron frutos del amor, me acuerdo perfecto el día que quede embaraza! Y aquello de que si no hubiera libreta de casamiento no estarían uds acá. En fin, delicias de la vida familiar que nutren un poco el espíritu de la cotidianeidad y otro tanto aportan a la historia de uno, como aquello del origen. Obviamente vinculo más mi origen al fruto de una calentura de una noche de verano que al amor eterno que podrían haberse jurado en algún momento allí por La Rural, sea como fuere, eso es parte del curriculum vitae. Y si, es así, cuando vas a una entrevista te preguntan el estado civil de tus padres, donde viven, etc, etc como si uno se debiera a ellos y tuviera que vivir un poco como ellos, al fin y al cabo también inventaron eso de “repetir la historia”, y uno bastante mete pua agrego que se repetía como farsa. Pero bueno, uno también se hace carne de aquello de la historia y trata de plantar banderas distintas, con errores, como ellos, y hasta quizás parecidos, pero propios. Y la propiedad como síntoma de la adultez y la maduración, somos propietarios de nuestros propios tropiezos, y por más que intentemos sociabilizar la solución, buscando apoyo en wines familiares, son de uno, y la angustia, el dolor, la tristeza, se convierten en yagas de nuestra piel. Si, es verdad, hay que decir también que nos hacemos únicos dueños de los logros, aquellos que festejamos con cerveza en algún bar amigo y eso solemos capitalizarlo en nuevos emprendimientos que nos llevan nuevamente a la gloria o también al desociego. Y somos propietarios también de aquellos tics que imprimimos en hoja simple a color, como estrategia diferenciadora, rebelde, no nos gusta el mate, pero estudiamos lo mismo, y así se forja la propiedad familiar, un poco cazadores, otro tanto recolectores, un poco niños que buscan el abrazo y otro poco magnates de la gleba.

sábado, 30 de mayo de 2009

Entrando a Paris, saliendo de casa.


Los Rosseau apuraron la cena y la madre metió medio apurada a los niños en la cama. Todos en silencio se movían ágilmente por la mesa. La tía Marie terminaba de sacar la mesa y lavar los platos. El padre aseguraba las ventanas y apagaba el velador del living. Todos se fueron a la cama, el último fue el padre que dio el fuera luces del hall unos minutos antes del primer estruendo. Todos estaban acostados, nadie dormía, se respiraba más impaciencia que miedo, ni los niños escondían la cabeza bajo las sábanas.
En la oscuridad el padre y la madre se miraron un instante, dejaron escapar un preocupante suspiro. No había desahogo.
Los niños en voz baja se preguntaban si estaban dormidos, un eterno insomnio ya había explotado en su memoria.
La tía Marie, que había encontrado lecho en el cuarto de servicio, se tomaba las manos y rezaba.
El primer boom sonó grave, en seco, sobre alguna calle de la ciudad, tras eso algunos gritos desesperados y los ruidos de una sirena. Luego vino el segundo y tercero, se hoyo la cuarta bomba, esta vez más cerca, al lado, a unos pocos metros, encima, no importaba había que salir de allí.
El padre salió de la cama, se vistió, y tomó un bolso no muy grande de cuero gastado indicó a su mujer que buscara a los niños y los abrigara bien. La tía Marie tomaba café en la cocina, no había logrado ignorar el bombardeo desde su habitación y prefirió contemplarlo sobre un banquito de la cocina apoyada sobre la pared de azulejos blancos. Vestía como para partir, su equipaje no era más que un pasaporte, todas cuantas libras tenía, y un gorro de lana que sólo lograba que le taparan las orejas si cubría toda su frente y algo de los ojos. Sorbía café como si nunca más lo fuese a beber, miraba perdida los preparativos que se suscitaban en la casa, como sin remedio, contemplaba la obediencia de los niños asustados. Amaba a sus sobrinos, y los veía marchar, sin poder hacer nada ella se iba también. Salieron de la casa y pusieron llave a la puerta, aún era de noche, las bombas seguían sonando por algunos barrios alejados. Bajaron las escaleras en silencio, no se cruzaron a nadie. En la puerta del edificio el padre miró a la madre e indico con la mirada tomar el camino por una calle lateral, permanecieron todos juntos durante tres cuadras. En la intersección de Saint Simon Tía Marie se detuvo, el padre y la madre escucharon sus pasos detenidos sobre la vereda, se dieron vuelta y sin decirse una palabra comenzaron a correr, un bombardeo en serie comenzaba unas cuantas cuadras más adelante, había que volver. Refugiarse de los refugios, encontrar un techo silencioso, no separarse.
Volvieron al departamento, las sirenas se apoderaban de las calles y los llantos perdidos de la ciudad aturdían aún más que los estruendos de las ametralladoras. La Tía Marie preparo más café y para los niños una leche caliente, se acostaron en la habitación de servicio porque estaba construida bajo la viga estructural del edificio y parecía la más segura. Se amucharon y esperaron la llegada de la luz para poder partir. Tia Marie se había quedado en la cocina, ya no había luz eléctrica y el silencio comenzó a callar a las sirenas y a los gritos. Salieron todos juntos nuevamente a la puerta, la luz de la salida del sol comenzada a contar los bombardeos de anoche, los edificios flagelados y los autos incendiados eran el relato vivo de lo sucedido. Esta vez comenzaron a caminar y Tía Marie ya no se detuvo.

domingo, 24 de mayo de 2009


Tanta es la obediencia que rebelamos los corazones con la violencia de un trueno y la pasión de un llanto, tanto es el vacío de la prosperidad que buscamos nada en todas partes. Los años viejos, el amor y la muerte real, los trajes marrones, a veces celestes, patas de elefante. Marihuana de un buen día comprado por los moldes de la buena educación, te hubiera dejado de patitas en la calle, a vos, tu locura negra y a aquella famosa percepción. Y sin embargo, yo también soy obediente, abro la puerta para salir a jugar, ya no voy de a un pie como en la rayuela, soy mancha venenosa. Hierve mi buena conciencia, la que queda, la que resiste. Reflexiono tarde, esta vez un poco menos que la otra vez.

jueves, 7 de mayo de 2009

ser o no ser


Creer o reventar…y yo soy socióloga y resulta que estudie para reventar y aquella de “trabajadores del mundo uníos” termine por recitarla como anécdota que aún hoy recuerdo frágil como las trabas de las puerta de los baños, eterna como el pasillo empapelado de afiches rojos y letras negras, definitivamente faltaba color. Y hoy, durante ese micro instante en el que me uno a los trabajadores y me tomo una cerveza y leo los diarios, y miro la tele y escucho a los subtes, me doy cuenta que tal vez todo se trata de creer y ya no más de reventar. La del complot la leí varias veces en mis primeros años de la carrera (y también en los últimos) y la creí y revente y hoy estimado público vuelvo a creer y, tal vez, este pensando en reventar. Sea como sea ya nadie recuerda la crisis financiera internacional, que importa si los magnates de los mocos ácidos de la pobreza reciben dos años de prisión en suspenso, al fin y al cabo que los yankes son muy democráticos y se contagian a la par de la porcina que los manitos, no vieron que Calderon ahora se parece a la a Dra Queen y esto ya parece una guerra civil, o me van a decir que no se dieron cuenta que son las enfermedades de la marginalidad las que sobrevuelan como cuervos las migajas del banquete y la verdad es que la historia lo absolvió no carlitos?, digo raulito?...digo, que digo, y ni se lo que digo, sólo se que de Berlín a San Isidro en un periquete y que en cualquier momento re abre el hotel de los inmigrantes allá por Retiro y si hay algo que queda claro con tanta wall street, gripe porcina y dengue autóctono es que la humanidad se mueve y como se mueve!, aunque no sepamos muy bien para donde, o me van a decir que si tuvieran doscientos mil dólares no se harían un viajecito por el espacio, y todo esto con solo leer Clarín, el gran diario argentino, Oscar de oro para Ernestina de Noble y ya dejemos de joder con tanta satira. Igualmente compremos el alcohol en gel (barbijo todavía no tanto), salgamos abrigaditos y tratemos de ser un poco más cuidadosos, al fin y al cabo que esta bueno moverse como hacen los humanos.

Este es mi pequeño aporte a la histeria internacional, al fin y al cabo hace tiempo que están entre nosotros y sobrevivimos bastante bien.

viernes, 10 de abril de 2009


Rara, conservadora y vieja
Las mañas no se van por la mañana,
Se asoman mejor desde el jardín,
Y no pones la cacerola,
Que ya te declaraste autónoma,
Se rechifla el familion al saber de tu faltón,
Prestale atención a los bepis que te miran de reojo
Que suspiran, que se estiran para volver a echarte lo
Y sin embargo vos minuza, tan veleta resultaste,
le lloras a su belleza, se te mojan los ojuelos, por aquella mujerezuela
y si al final es como todas, pero siempre como ninguna,
yin o yan siempre da igual cuando el corazón se pone mal
y la tristeza de su calle, el sonidos de los bondis
los amigos en la esquina, el cigarro que asesina,
sus ojitos que me matan, su buen día fulminante
todos a la avenida, que con esta rumor de que me caso
y no es burla mi sonrisa, charolee charolee, que esta noche doy el si!